domingo, 18 de noviembre de 2012
Medellín 17 de noviembre de 2012
DE REGRESO A MI TIERRITA
Fue muy gratificante para mí darme cuenta que había sido seleccionada por Diego Alejandro Hoyos estudiante de comunicación social de la universidad pontificia Bolivariana para hacer parte del equipo investigativo de un proyecto que él había presentado a la Gobernación de Antioquia, para concursar con otros pueblos del Departamento en varias categorías, en el concurso “Estímulo al Talento creativo”.
Mi primer paso en esta experiencia fue asistir a la selección de los proyectos presentados. Con ansiedad me dirigí a el auditorio de La Plaza de la Libertad en Medellín, a la espera de una respuesta positiva; fueron seleccionando proyectos en diferentes modalidades como artes escénicas, literatura, música, danza; mientras tanto en mi pueblo mucha gente incluyendo a mi familia estaban a la expectativa del veredicto final, se aglomeraron en el lugar donde mis padres trabajan para ver la presentación en vivo y en directo que se estaba transmitiendo el martes 21 de agosto por Teleantioquia. Yo ya había perdido las esperanzas que nuestro proyecto fuera seleccionado porque solo faltaban dos cupos, cuando en el antepenúltimo escuché que en la categoría de audiovisuales el ganador era el documental de regreso a mi tierrita de San Luis Ant Perla Verde del Oriente.
Al escucharle a la presentadora el nombre de San Luis; yo salté de alegría y de inmediato entraron llamadas a mi celular felicitándonos, la primera llamada que recibí fue de el director del proyecto, Diego Alejandro Hoyos que no pudo asistir a la selección pero él en compañía de mi familia y otros amigos estuvieron muy pendientes de la respuesta.
Después de haber ganado el concurso iniciamos reuniones para organizar cómo íbamos a desarrollar la investigación, hicimos el cronograma de planeación donde definimos qué personas nos acompañarían, el tiempo de duración, los lugares dónde íbamos a estar y el objetivo a cumplir.
Todas las personas que hicimos parte de la investigación teníamos labores específicas:
Diego Alejandro Hoyos: director, fue quién hizo las entrevistas
Julián Ruiz: camarógrafo
Blanca Quintero: campesina acompañante, conocedora de los terrenos
Laura Isabel Duque: asistente 1 (diario de campo)
Daniela Patiño: asistente 2 (imágenes detrás de cámara)
Con gran expectativa y seguros que la tarea no era nada fácil, pero llenos de una esperanza de que el proyecto saliera todo un éxito le pusimos todo nuestro empeño y dedicación; para empezar nos reunimos todos 4 en la casa de doña Blanca Quintero, y desde allí iniciar lo que sería nuestro recorrido por las veredas y el casco urbano del municipio de San Luis Ant. Salimos desde aquí el 11 de octubre del año actual hacia el municipio, tomando el bus que salía a la 1 de la tarde.
Llegamos a San Luis y amanecimos allí, el día 12 de octubre a las 5 de la mañana tomamos transporte hacia la vereda Buenos Aires, fue la primera vereda en visitar y estando aquí me emocioné mucho viendo las casas de los campesinos que todavía sobreviven a una vida tan difícil en el campo, y otras que por la guerra están deshabitadas, me di cuenta que la situación económica en el campo es bastante precaria, varias familias viven de una ramada donde hacen panela y este producto lo venden para otras veredas y pueblos.
La noche llegaba ligeramente y con ella el cansancio, se sentía la soledad y el silencio propios de la vida del campo; pero la amabilidad del campesino evadió la sensación de soledad y angustia que viví en ese momento; yo solo pensaba en la caminada que nos esperaría al otro día, pues los campesinos nos dijeron que el trayecto duraba dos horas y todo el recorrido debía hacerse aguantando sol y pantano ya que en esa semana había llovido bastante en esa zona.
Efectivamente el día 13 de octubre a las 8 de la mañana salimos de la casa de doña Bertha (donde amanecimos), hacia la vereda el Vergel, esta caminata fue la más difícil y angustiosa pues entre más caminábamos más largo se hacía el trayecto porque el campesino cuando dicen que dura dos horas, para nosotros los citadinos se nos hace más largo de ese tiempo. El sol quemaba mi piel, el sudor recorría mi rostro y mis pies temblaban del cansancio; este recorrido duró más o menos 4 horas y fue tan agotador que lastimosamente una de las compañeras, Daniela Patiño, no aguantó y entró en estado depresivo, manifestando que se quería ir hacia la ciudad y no continuar con el trabajo propuesto.
Todos los del grupo la aconsejamos y le decíamos que no desistiera, que ese era el trayecto más dificultoso en todo el trabajo de campo, que los otros serían más suaves, pero ella con su incertidumbre se cerró y decidió renunciar. En ese momento cuando yo escuché que ella nos iba a abandonar, me sentí muy angustiada y desesperada porque el trabajo se me duplicaría y la responsabilidad que me competía se hacía más pesada; a pesar de mi angustia reflexioné y pensé redoblar mis esfuerzos para seguir con más ganas y llegar hasta el final.
Debido a este incidente nos tocó hacer un cambio a última hora en el itinerario, íbamos hacia la vereda Santa Ana pero debido al acontecimiento con Daniela, el bus que nos llevaría a Santa Ana nos dejó, a ella la embarcamos en el bus que venía de San Carlos que iba hacia Medellín y a nosotros (Diego, Julián, Blanca y yo) nos tocó cambiar la ruta hacia el pueblo de Granada, lugar éste que no había sido escogido para nuestro trayecto; allí amanecimos en la casa de un amigo de mi papá, fue muy amable con nosotros porque nos brindó mucha confianza.
El día 14 de octubre con el itinerario un poco retrasado, salimos hacia la vereda Santa Bárbara de Granada tomamos un carro particular hasta Calderas ubicado en toda la autopista de Medellín -Bogotá, ahí era la entrada a Santa Bárbara esperamos una hora a que llegara el carro, ese era el único transporte que había para ingresar a esa vereda. Aunque el trayecto en el carro no fue muy largo, pero si fue muy agotador puesto que la carretera no estaba en buenas condiciones.
En esta vereda vi mucha pobreza, para las familias tener una casa digna tienen que haber perdido a un ser querido eso lo llena a uno de tristeza, habían casas de madera con su piso de tierra, y sin ventanas. Cuando llegó la noche fue una sensación de miedo, porque nos tocó dormir en la escuela donde no había luz, y era muy distante de las casas sólo se escuchaba el ruido de los grillos y la lluvia que caía abundante, el frío helaba mi cuerpo ya que la colchoneta en el piso y la cobija delgada no fueron suficientes para calentarme; la noche se me hizo eterna no veía la hora que amaneciera un poco para levantarme y seguir con nuestro destino.
Como el itinerario era tan cerrado todo había que hacerlo a la carrera, bajarse de un carro y de inmediato subirse a otro sin esperar un minuto, percatándonos que lleváramos con nosotros todas nuestras pertenencias. Así me la pasé durante todo el recorrido.
El día 15 de octubre a las 12 del meridiano nos dirigimos al casco Urbano de San Luis con una distancia de 2 horas por la autopista Medellín- Bogotá, con el afán que no nos dejara el carro pues este salía para la vereda Aquitania a las 3:00 p.m. llegamos al pueblo a las 2 de la tarde almorzamos y de una vez salimos a tomar la chiva que nos llevaría a la vereda Aquitania, distante del municipio 4 horas, en este transporte los campesinos tienen la costumbre de llevar animales como gallinas, perros y cerdos, este día no fue la excepción, confundiéndose los olores y los ruidos de los animales con el del carro, esta incomodidad compensó un poco con la hermosura del paisaje y sus diferentes colores divisándose a lo lejos la rivera del río Magdalena y su puerto; Nos recibió en esta vereda la lluvia y la oscuridad porque esos lugares son muy abandonados por el estado por eso la luz viene de ves en cuando a estas viviendas.
Cuando se llegó la hora de ir a dormir, nos llevaron a un hotel muy humilde pero yo me sentí muy alegre pues en todo el recorrido era la primera vez que dormíamos en un lugar más cómodo y tranquilo. Cuando amaneció ya era 16 de octubre, iniciamos nuestro recorrido por esta vereda, allí también noté la pobreza y la marginación en que viven los campesinos su único medio de comunicación es un parlante grande que está pegado a la casa de la cultura, donde informan sobre reuniones, actividades culturales y actividades académicas, a pesar de la marginalidad existen personas con una gran capacidad de liderar procesos para sus veredas, como lo hace el joven Gabriel que nació allí y se quedó a pesar de la guerra que hubo años atrás. Este joven trabaja en la casa de la cultura de esta vereda cumpliendo una labor muy bonita con niños que quieren aprender el arte de la música y la pintura.
En una de mis actividades me fui para la iglesia, estando allá se me ocurrió coger el micrófono ya terminando la misa y les compartí una canción religiosa, el padre me agradeció la actitud ya que no esperaba eso de mí.
Al otro día 18 de octubre salimos hacia el corregimiento el prodigio muy temprano llegando a este a las 9 de la mañana, nos hospedamos en la casa de una tía mía donde las comodidades eran mejores.
Aquí existe un contraste que refleja claramente el estado en el que vivimos, a pesar que la mayoría de sus habitantes tienen fincas ganaderas, y hay una mina de mármol de la cual derivan el sustento gran parte de sus habitantes, también viven personas que están en la extrema pobreza, donde encontré casas con sus paredes hechas de costales y el piso de tierra, sin ningún tipo de servicios públicos solo recibiendo ayudas de sus vecinos que le aportan el agua y le prestan sus baños para hacer las necesidades. Cuando vi esto sentí impotencia al ver a un lado unas fincas muy hermosas pero al otro lado casas en la miseria.
El día transcurrió tranquilamente, nos fuimos a caminar y a terminar de conocer la veredita, hablamos con su gente, el ambiente allí es muy animado, siempre se escucha música en las esquinas; en su mayoría se escucha la guasca y el vallenato. En la noche yo salí con dos compañeros del grupo de investigación a verme un partido de microfútbol en el coliseo sin la autorización del director del proyecto, y tardamos un poco más de lo previsto allá, además nos fuimos a una tienda a tomarnos un refresco. El reloj ya marcaba las 9:30 de la noche llegamos de nuevo a la casa donde nos estábamos hospedando y encontramos al director en una crisis de histeria, primero se sentía como si estuviera muy cansado y a punto de dormirse, le dijimos que se fuera a descansar y él mismo se acostó en una colchoneta y 15 minutos después de todos estar descansando cada uno en su cama escuchamos un estruendo como si se hubiera caído el techo de la casa, cuando fuimos a mirar qué había pasado, estaba Diego sentado en el piso con un silla tirada a su lado y reflexionando qué le había pasado hablando incoherencias, yo me asusté mucho y corrí hacia donde él a decirle que se tranquilizara, que todo estaba bien, que tal vez le estaba pasando eso por el trabajo tan pesado que habíamos tenido durante toda la semana. Se fue tranquilizando y así me pude ir a descansar.
Al día siguiente 19 de octubre muy temprano nos levantamos con el objetivo de ir a conocer los petroglifos, encontramos en este lugar unas marcaciones de los indios que aún se conservan en buen estado, estas cuevas están haciendo de este corregimiento un lugar muy visitado por investigadores y turistas; nos encontramos con unos científicos de la universidad de Antioquia, ellos fueron muy amables con doña Blanca y yo pues teníamos que pasar un charco para llegar a las cuevas y nos pasaron a la espalda para que no nos mojáramos los pies. Ya en el momento de regresarnos al prodigio nuevamente los científicos nos dieron su apoyo, a doña Blanca la llevaron en la camioneta que traían y a nosotros nos tocó caminar de nuevo aguantando sol, hacia donde estábamos hospedados.
Este mismo día teníamos que tomar de nuevo transporte hacia San Luis que salía a la 1:00 p.m. llegamos a las 3 p.m. a el municipio culminando a esta hora y este día mi experiencia que para mi proyecto de vida fue muy fructífera, a pesar de los obstáculos, la lluvia, el sol intenso, el cansancio, las carreras; logré sostenerme con entusiasmo gracias a la ayuda de Blanca Quintero que teniendo 60 años de edad y con su rostro un poco gastado por los años, conserva aun la jovialidad de la juventud, y una personalidad de grandes valores humanos además de su capacidad de llegarle fácil a la gente con su alegría, que me contagió y me animó cuando me sentía con debilidad.
La investigación que realizamos fue sobre el retorno de campesinos que se vieron abocados a desplazarse de sus lugares de origen por culpa de la violencia que se vivió años atrás en casi todas las regiones pero principalmente en el oriente Antioqueño.
Cuando inicié la investigación no me imaginé vivir cada instante con tanta intensidad, metiéndome de lleno en la vida de los campesinos y sus quehaceres hasta sentir angustias y tristezas pero también alegrías al ver que en cada rincón visitado encontré lo valioso del ser humano, su calidez, las ganas de salir adelante y continuar en un mundo difícil de habitar pero la tenacidad de su gente hace posible todo.
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